GEOMETRÍA DE LOS CRISTALES

La relación entre los minerales y las formas geométricas se manifiesta en muchos casos, a partir de las configuraciones que estos poseen. Las geodas de cuarzo, la selenita, la calcita óptica, la turmalina negra son algunos de los ejemplos de cómo los patrones trigonales, monoclínicos, triclínicos y hexagonales, participan de la naturaleza cristalina de manera indisociable.

En cambio, al utilizar cristales tallados con geometrías distintas a las del propio mineral, se realiza una alteración de su constitución original. Esta acción alquímica sobre las cosas es muy antigua, y la humanidad la ha practicado de distintas maneras. Ya en el pulido de las piedras del período paleolítico, se dedicó trabajo a adaptarlas para satisfacer necesidades elementales y rituales. La confección de morteros y estatuillas en piedra ilustra esos usos.

Al visualizar un mineral con una configuración geométrica determinada, estamos participando de esa misma interacción pero sin transformarlo materialmente. Este ahorro de energía resulta ecológico y se alinea con creencias primigenias como la organización de las cosechas a partir de la interacción entre la órbita terrestre, la lunar y la solar. Si bien ahora la precisión de estos fenómenos puede medirse con artefactos, en su momento, los parámetros de observación y el alineamiento del curso de la vida a esas formas, mantenía una potencia y una “alineación” que se perfeccionaba en la práctica, es decir, a través de un acto de presencia en relación con esa geometría natural que son las elípticas de los cuerpos celestes. La invitación es a habitar el presente en conexión etérica con los cristales, para participar de sus historias, para recibir su sabiduría y también, para ofrendarles la nuestra en mutua comunicación.


Imagen: de Ludwig Willimann en Pixabay